Oración a Nuestra Señora de los Navegantes – La Reina del Mar

Nuestra Señora de los Navegantes es uno de los títulos de María (Nuestra Señora) y se hizo más conocida durante las Cruzadas.

Antes de poner sus carabelas en el mar, -principalmente los portugueses y españoles- los marineros pedían la protección del Santo, donde la mayoría de las expediciones se organizaban precisamente a Palestina para la protección de los territorios sagrados para la cristiandad.

La costumbre se convirtió en una práctica tan común y los milagros presentados fueron tales que Nuestra Señora ganó este honor para la Iglesia, habiendo reservado el 2 de febrero como su fecha de conmemoración.

Oración a Nuestra Señora de los Navegantes - La Reina del Mar

✝️ Oración de Nuestra Señora de los Navegantes

“Oh Nuestra Señora de los Navegantes, Madre de Dios creadora del cielo, la tierra, los ríos, los lagos y los mares; protégeme en todos mis viajes.

Que los vientos, tormentas, escoria, rayos y resacas no perturben mi barco, y que ningún monstruo o incidente imprevisto cause alteraciones y demoras en mi viaje, ni me desvíe del rumbo fijado.

Virgen María, Señora de los Navegantes, mi vida es la travesía de un mar enfurecido. Las tentaciones, los fracasos y las decepciones son olas impetuosas que amenazan con hundir mi frágil embarcación en el abismo del desánimo y la desesperación.

Nuestra Señora de los Navegantes, en tiempos de peligro pienso en ti y el miedo desaparece; el espíritu y la voluntad de luchar y vencer me fortalecen de nuevo.

Con tu protección y la bendición de tu Hijo, el barco de mi vida anclará seguro y tranquilo en el puerto de la eternidad. Nuestra Señora de los Navegantes, ruega por nosotros”.

✝️ Novena para Nuestra Señora de los Navegantes

Durante los nueve días se reza en la siguiente secuencia: Oración Inicial, la Oración del Día, el Jaculatorio y la Oración Final.

🛐 Oración de apertura

“Oh María Inmaculada, nuestra Madre y consoladora, me refugio en tu Corazón amabilísimo con toda la confianza de que soy capaz; tú eres el objeto más amado de mi amor y veneración.

A ti, que eres el dispensador de los tesoros celestiales, recurriré siempre en mis penas a la paz, en mis dudas a la luz, en mis peligros a la defensa, en todas mis necesidades para obtener tu ayuda.

Por lo tanto, sé mi refugio, mi fortaleza, mi consuelo, oh María consoladora.

Por piedad, en la hora de mi muerte, recibe los últimos suspiros de mi corazón y consígueme un lugar en la mansión celestial, donde todos los corazones unidos adorarán eternamente al adorable Corazón de Jesús, al mismo tiempo que tu siempre amante Corazón, ¡Oh!

Nuestra tierna Madre, consoladora de los afligidos, ruega por nosotros que recurrimos a ti”.

🛐 Jaculatorio

“Corazón Inmaculado y Doloroso de María, ten piedad de nosotros”.

🛐 Oración final

“¡Oh, María, Virgen poderosa y Madre de misericordia, Reina del Cielo y Refugio de los pecadores!

Nos consagramos a tu Inmaculado Corazón. Consagramos nuestro ser y toda nuestra vida, todo lo que tenemos, lo que amamos, lo que somos.

Que seas nuestros cuerpos, nuestros corazones, nuestras almas, nuestros hogares, nuestras familias, nuestra patria.

Queremos que todo lo que está en nosotros y en ustedes pertenezca y participe de sus bendiciones maternales. Y para que esta consagración sea verdaderamente efectiva y duradera, renovamos a tus pies hoy, oh María, las promesas del bautismo y de la primera comunión.

Estamos obligados a profesar siempre con valor las verdades de la fe, a vivir como verdaderos católicos, totalmente sumisos a las disposiciones del Papa y de los obispos unidos a él. Estamos obligados a observar los mandamientos de Dios y de la Iglesia y la santificación de las fiestas.

Estamos obligados a introducir en nuestra vida, en la medida de lo posible, las prácticas consoladoras de la religión cristiana y, sobre todo, la santa comunión.

Te prometemos al fin, oh gloriosa Madre de Dios y tierna Madre de los hombres, consagrar todo nuestro corazón al servicio de tu bendita adoración, para pedir y asegurar, por medio del Reino de tu inmaculado corazón, el Reino del adorable Corazón de tu Hijo en nuestras almas y en las de todos los hombres, en nuestra querida patria y en el mundo entero, tanto en la tierra como en el cielo. Amén.

Para terminar, reza tres Avemarías con la siguiente jaculatoria: ¡Nuestra Señora de los Navegantes, ruega por nosotros!

🛐 Oración del primer día

“Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra; Corazón amorosísimo, objeto de la complacencia de la adorable Trinidad, y digno de toda la veneración y ternura de los ángeles y de los hombres;

El corazón más parecido al de Jesús, del que eres la imagen más perfecta;

Corazón lleno de bondad y tan compasivo de nuestras miserias, dígnate a derretir el hielo de nuestros corazones, y haz que seamos conducidos enteramente al del divino Salvador.

Infunde en ellos el amor de tus virtudes, enciéndelos con ese fuego feliz en el que tu fuego arde continuamente.

Guarda en tu corazón la santa Iglesia, guárdala y sé siempre su dulce asilo y su torre inexpugnable contra todo asalto de sus enemigos.

Sea nuestro camino para ir a Jesús y el canal a través del cual vienen todas las gracias necesarias para salvarnos.

Sea nuestra ayuda en las necesidades, nuestro alivio en las aflicciones, nuestro apoyo en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones, nuestra ayuda en todos los peligros, pero especialmente en las últimas batallas de nuestra vida, en el momento de nuestra muerte, cuando todo el infierno estalla contra nosotros para tomar nuestras almas, en ese momento terrible, en ese instante formidable del que depende nuestra eternidad.

Oh Virgen piadosa, haznos sentir entonces la ternura de tu Corazón maternal y la fuerza de tu valor hacia Jesús abriéndonos en la fuente misma de la misericordia un refugio seguro, para que podamos venir a bendecirlo contigo en el paraíso por los siglos de los siglos. Que así sea”.

🛐 Oración del día 2

“Inmaculada Virgen María, Madre de Dios y nuestra piadosa Madre, nos postramos humildemente ante tu presencia y pedimos con toda confianza tu maternal patrocinio.

La Santa Iglesia te llama consolador de los afligidos y a ti te llama continuamente a los afligidos en sus aflicciones, a los enfermos en sus dolencias, a los moribundos en su agonía, a los pobres en sus necesidades y a toda clase de necesitados en sus calamidades públicas y privadas, y todos reciben de ti alegría y ayuda.

Nuestra dulcísima Madre, vuelve también a nosotros, miserables pecadores, tus ojos amorosos, y acepta con benevolencia las oraciones que te dirigimos con humildad y confianza.

Ayúdanos en todas las necesidades espirituales y temporales, líbranos de todos los males y especialmente del mayor de todos, que es el pecado y todo el peligro de caer en la tentación;

Obtén para nosotros de tu Hijo Jesús todas las cosas buenas, y particularmente la más excelente de todas, la gracia divina.

Consuela nuestra alma, tan angustiada y afligida en medio de tantos peligros que nos amenazan, entre tantas miserias y desgracias que nos rodean por todas partes.

Te pedimos esa inmensa alegría que experimentó tu alma pura en la gloriosa resurrección de tu divino Hijo.

Alcanza la tranquilidad a la santa Iglesia, ayuda y apoyo a su cabeza visible, el Romano Pontífice, paz a los príncipes cristianos, a las almas del Purgatorio refresco en sus penas, a los pecadores perdón de sus culpas y a los justos perseverancia en el bien.

Acógenos a todos nosotros, nuestra tierna Madre, bajo tu compasiva y poderosa protección, para que vivamos virtuosamente, muramos piadosamente y alcancemos la eterna bienaventuranza del cielo. Que así sea”.

🛐 Oración del día 3

“Virgen Santísima, Madre de Dios, desde el cielo, donde estás sentada, como Reina, vuelve tu mirada benigna a esta miserable pecadora, tu sierva; que, aún llena de su indignidad, te bendice y te exalta desde lo más profundo de su corazón, como la más pura, hermosa y santa de todas las criaturas, en reparación de las ofensas que te hacen las lenguas impías y las blasfemias;

Bendigo tu nombre, bendigo tus sublimes prerrogativas como verdadera Madre de Dios, siempre Virgen, concebida sin mancha de pecado, como corredora del género humano;

Bendigo al Padre Eterno que te eligió de manera especial para Hija;

Bendigo al Verbo Encarnado que, vestido de naturaleza humana en tu seno purísimo, te hizo Madre; bendigo al Espíritu Divino que te quiso como esposa suya; bendigo y exalto a la augusta Trinidad que te eligió y te amó con tanta predilección, que te exaltó por encima de todas las criaturas hasta la más sublime alteza.

Oh Virgen santa y misericordiosa, alcanza el arrepentimiento a los que te ofenden y dignate a aceptar este pequeño obsequio de tu siervo, obteniendo de tu divino Hijo el perdón de mis propios pecados. Que así sea”.

🛐 Oración del día 4

“¡Oh, Santísima Virgen y Reina del Cielo y Mártires, María, quisiera estar en el cielo para contemplar los honores que recibes de la Santísima Trinidad y de toda la Corte celestial!

Pero mientras sigo vagando por este valle de lágrimas, dígnate aceptar también de mí, pecador y siervo indigno tuyo, el más sincero homenaje y el más perfecto acto de sumisión que una criatura humana pueda ofrecerte.

A tu corazón, atravesado por tantas espadas de dolor, confío mi pobre alma para siempre desde este día.

Asóciame con tus dolores y no me permitas nunca huir de la Cruz en la que tu único Hijo murió por mi salvación.

Contigo, oh María, sufriré todas las tribulaciones, contradicciones y enfermedades que tu divino Hijo me envíe en esta vida.

Lo ofrezco todo a Dios en memoria de los dolores que habéis sufrido durante vuestra vida mortal, para que cada pensamiento de mi mente, cada latido de mi corazón, pueda ser de aquí en adelante un acto de compasión por vuestros dolores y de complacencia por la gloria que ahora tenéis en el cielo.

Sí, querida Madre, ya que ahora tengo compasión de ti y alegría al verte tan glorificada, ten compasión de mí reconciliándome con tu Hijo Jesús, para que pueda ser tu hijo fiel y verdadero de nuevo.

Cuando llegue el final de mi vida, venid y observadme en mi agonía como observasteis la de vuestro Hijo divino, para que, al emerger de este destierro doloroso, pueda venir a compartir vuestra gloria en el Paraíso. Que así sea”.

🛐 Oración del día 5

“Oh excelentísima, gloriosísima y santísima María, siempre Virgen Inmaculada, Madre de nuestro Señor Jesucristo, Reina del mundo y Señora de todas las criaturas, a quien no abandonas a nadie, a quien desprecias, a quien recurres con un corazón puro y humilde que despides desoladamente, a quien no me abandonas por mis innumerables y gravísimos pecados, a quien no abandono por mis excesivas iniquidades, ni por la dureza e inmundicia de mi corazón:

No te apartes de este tu siervo de tu gracia y amor.

Escucha a este miserable pecador que confía en tu piedad y misericordia;

Ayuda, oh piadosa Virgen María, en todas mis tribulaciones, angustias y necesidades, y alcanzándome desde tu Hijo amado, Dios Todopoderoso y Señor nuestro Jesucristo, el perdón y la remisión de todos mis pecados y la gracia de tu temor y amor, junto con la salud y la castidad del cuerpo y la inmunidad de todos los males y peligros del alma y del cuerpo.

En mi momento posterior sé mi piadosa ayuda, y libera mi alma y las almas de mis padres, hermanos, hermanas y amigos, derramamiento de sangre y benefactores, y a todos los fieles vivos y muertos de las tinieblas eternas y de todo mal, a través de Aquel a quien tomaste nueve meses en tu seno santísimo y con tus manos santas reclinadas en un pesebre, nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que es bendito por los siglos de los siglos. Amén”.

🛐 Oración del día 6

“Virgen Inmaculada, refugio de los pecadores, tú que, para reparar los insultos hechos a Dios y el mal causado al hombre por el pecado, has consentido que tu divino Hijo muriera, siempre propiciando por nosotros, y desde el cielo, donde reinas gloriosamente, continúes en nuestro nombre tu obra de celo y de amor.

Queremos ser tus hijos, tú también te muestras como nuestra Madre. Suplicad a Jesús, el divino Reparador, que, aplicando a nuestras almas el fruto de su pasión y muerte, nos libere de las vendas de nuestras iniquidades.

Sé nuestra luz en las tinieblas, nuestra fuerza en la debilidad, nuestra ayuda en el peligro; y después de habernos consolado con tu gracia y amor en el tiempo, concédenos que te amemos y te veamos en la eternidad. Amén”.

🛐 Oración del día 7

“Santísima Virgen Inmaculada, mi Madre María, a ti que eres la Madre de mi Señor, la Reina del mundo, la abogada, la esperanza, el refugio de los pecadores, me dirijo hoy a ti que eres la más miserable de todas.

Te adoro, oh gran Reina, y te doy gracias por los muchos favores que me has hecho hasta ahora:

Especialmente desde que me libré del infierno tantas veces que me lo merecía.

Yo te amo, amabilísima Señora; y por el amor que te profeso, prometo querer servirte siempre y hacer lo que pueda para que también tú seas amada por los demás.

En ti pongo todas mis esperanzas, toda mi salvación;

Acéptame como tu siervo y tómame bajo tu manto, oh madre de la misericordia.

Y ya que eres tan poderoso para Dios, líbrame de todas las tentaciones, o bien, obtén para mí la gracia de vencerlas hasta la muerte. Te pido el verdadero amor a Jesucristo. Espero que tengas una buena muerte.

Madre mía, por amor de Dios, te ruego que me ayudes siempre, pero sobre todo en el último momento de mi vida.

No me dejes hasta que me veas ya salvado en el cielo para bendecirte y cantar tus misericordias por toda la eternidad. Eso espero, que así sea”.

🛐 Oración del día 8

“¡Oh! ¡María, mi dulce Madre y poderosa Reina!

Toma y recibe mi pobre Corazón con toda su libertad y su voluntad, con todo su amor y sus afectos y con todas las virtudes y gracias para adornarlo.

Todo lo que soy y valgo, mi Reina y Señora, todo lo que tengo y poseo en el orden natural y en la gracia, de Dios o que he recibido a través de su mediación y amor;

En sus manos soberanas lo deposito, para que vuelva a su origen más noble;

Porque si confesamos que eres el canal por el que las gracias del cielo descienden sobre nosotros, decimos también que eres el acueducto por el que vuelven a su fuente, eres el hilo conductor que nos pone en comunicación directa con nuestro Padre celestial, eres el camino inmaculado que nos conduce con seguridad al Corazón del mismo Dios.

Toma y recibe todo mi ser, oh María, Reina del Cielo y de los corazones, y esclavízame con cadenas de amor, para que siempre sea tuya y repita con verdad: “Soy todo de Jesús por María”.

Sólo quiero amarte a ti, mi Madre purísima, dame tu corazón, dame tu amor y el de Jesús, que me basta para ser feliz en esta vida, en la muerte y para toda la eternidad. Amén”.

🛐 Oración del día 9

“Virgen gloriosa, Madre de Dios y Madre nuestra María, he mirado con compasión a nosotros, pobres pecadores, que, condenados por tantos males que nos rodean en esta vida, sentimos nuestros corazones desgarrados ante tan atroces insultos y blasfemias contra ti, Virgen Inmaculada, que tantas veces nos vemos obligados a escuchar.

Oh! ¡cuánto ofenden a la infinita Majestad de Dios y a Su Hijo unigénito Jesucristo estas palabras impías!

Cómo te enferman y cómo nos hacen temer los terribles efectos de tu venganza! Si con el sacrificio de nuestra vida pudiéramos evitar tantos ultrajes y blasfemias, nos sentiríamos muy honrados de hacerlo, porque, nuestra Madre Santísima, deseamos amarte y honrarte con todo nuestro corazón, porque ésta es la voluntad de Dios.

Y precisamente porque los amamos, haremos todo lo que podamos para que todos ustedes sean honrados y amados.

Madre de Piedad, soberana consoladora de los afligidos, acepta este acto de reparación que te ofrecemos en nombre nuestro y de todas nuestras familias, para aquellos que, sin saber lo que dicen, blasfeman sin piedad de ti, para que, obteniendo de Dios tu conversión, hagas más manifiesta y gloriosa tu piedad, tu poder, tu gran misericordia;

Y que se unan también a nosotros para proclamaros a la bienaventurada entre todas las mujeres, la Virgen Inmaculada, la piadosísima Madre Dios”.

A los que estarán en el mar o cerca de él, confiad de todo corazón en Nuestra Señora de los Navegantes para que os guarde en el regazo de su madre.

📖 La historia de Nuestra Señora de los Navegantes

No hay una fecha exacta para la confirmación de esta invocación de María para la protección, pero se puede afirmar que la práctica era realmente más ferviente durante el período de las grandes navegaciones.

Conocida también como la Estrella de mar, esta cariñosa llamada es la representación del punto que guía el viaje seguro y que conduce al lugar adecuado, es como si la Madre fuera en el vasto mar la dirección segura a seguir para los navegantes.

En todo el mundo se ha vuelto común dedicar una Misa o una Oración a Nuestra Señora de los Navegantes antes de embarcarse en los barcos y salir al mar.

Aún en tiempos de navegaciones de descubrimiento, era común encontrar una imagen de Nuestra Señora de los Navegantes frente al barco sosteniendo una lámpara que los marineros nunca dejaban apagar.

En la representación de María en esta imagen, ella está de pie en la barca sosteniendo al Niño Jesús en su regazo.

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