Oración a San Agustín – el Doctor de la Iglesia

El 28 de agosto es la fecha de conmemoración de San Agustín. Hijo de Santa Mónica. Agustín fue educado con sabiduría, amor y fe por su madre, quien le mostró desde muy joven los mejores caminos y misterios de la Palabra y de la vida.

La familia de los santos se enfrentó a muchas persecuciones y vio ocurrir muchas catástrofes dondequiera que fueron, pero la devoción en el nombre de Cristo al final de sus vidas siempre habló más fuerte.

La historia de San Agustín es un símbolo de superación, determinación y encuentro de la fe, conozca más continuando la lectura.

Oración a San Agustín - el Doctor de la Iglesia

📖 ¿Quién fue San Agustín?

Aurelio Agustín es de origen africano, nacido el 13 de noviembre de 354 en una ciudad dominada y controlada por el Imperio Romano (que repudió el cristianismo). Hijo de un padre ateo, dueño de algunas tierras, Agustín prefirió seguir los pasos de su padre, dejando de lado la importancia religiosa que le dio su madre.

A la edad de 11 años fue enviado a estudiar a otras ciudades, lo que lo distanció aún más de la cultura cristiana, ya que todos los estudios se basaban en el seguimiento de los romanos.

Después de muchos años de estudio y profundización en la filosofía y las religiones paganas, Agustín se casó. La relación duró 13 años y tuvo como fruto un hijo que se llamaba Adeodatus.

Santa Mónica comenzó a rezar siempre por su hijo para que encontrara la verdadera paz mental y aceptara el camino que ella sabía que estaba destinado.

Pero la sabiduría de Aurelio era tan grande y ejerció su profesión con tanto amor y trabajo que subió y bajó las filas del Imperio Romano hasta que se hizo famoso cuando recibió el puesto de maestro de la corte en Milán.

Durante este período, Agustín se reunió con San Ambrosio y se acercó al obispo, pero su intención estaba sólo en su retórica, que consideraba exquisita. Sucedió que el Espíritu Santo actuó en su vida y comenzó a discutir las filosofías que seguía, terminó su matrimonio y se involucró con varias mujeres.

Pero, las palabras de Ambrosio lo perturbaron cada vez más y su madre Mónica decidió mudarse a la misma ciudad que su hijo para acompañarlo.

El título de Doctor de la Iglesia apareció cuando Agustín se dio cuenta de que él y su hijo ya no podían huir de la verdad de Dios; ambos fueron bautizados por el obispo Ambrosio y aceptaron la fe cristiana como base de la vida.

Se dedicó entonces a hacer lo que mejor sabía: escribir con todo su corazón sobre las santas enseñanzas y la paz divina que lo redimió.

Las famosas confesiones de San Agustín son el fruto del peor momento de su vida, cuando de repente su querido hijo falleció y poco después su madre.

Echaba de menos las dulces palabras de Mónica, que siempre le consolaban en las situaciones más difíciles y en las dudas más grandes, era un momento de gran prueba para el Santo.

En esta fase Agustín regresó a su tierra natal y decidió entrar en la vida religiosa. Siguió los pasos del obispo de Hipona, y así obtuvo una legión de fieles y gente que amaba su predicación y la forma en que enseñaba la pasión de Cristo.

Agustín se convirtió en obispo cuando su colega falleció, y se dio a conocer en todo el mundo por las diversas obras que escribió en nombre de la Iglesia y la fe.

San Agustín murió alegremente a los 75 años de edad cuando se dio cuenta de la fuerza con la que creció la Iglesia y la legión de fieles que alcanzó en nombre de la Palabra de Dios.

✝️ Oración De San Agustín A La Muerte Para Aumentar La Gratitud Por La Vida

“La muerte no es nada.
Acabo de ir al otro mundo.
Yo soy yo, tú eres tú.
Lo que fuimos el uno para el otro todavía lo somos,
dame el nombre que siempre me diste.
Dime cómo me lo dijiste siempre.
No cambies el tono a uno triste o solemne.
Sigue riéndote de lo que nos hizo reír juntos.
Reza, sonríe, piensa en mí, reza conmigo.
Que mi nombre se pronuncie en casa,
como siempre se ha hecho.

Sin énfasis, sin cara de sombra.
La vida sigue significando lo que significaba. Sigue siendo
lo que era,
el cordón de unión no se ha roto.
¿Por qué estaría fuera de tus pensamientos,
sólo porque estoy fuera de tu vista?
No estoy lejos, estoy al otro lado de la carretera. Ya verás, todo está bien…
Redescubrirás mi corazón, y en él redescubrirás la más pura ternura. Seca
tus lágrimas, y si me amas, no llores
más.”

✝️ Oración Milagrosa De San Agustín

“Amabilísimo Señor Jesucristo, verdadero Dios,
que desde el seno del Padre Todopoderoso fue enviado al mundo para absolver los
pecados, redimir a los afligidos, liberar a los encarcelados, reunir a los vagabundos
, conducir a los peregrinos a su patria, simpatizar
con los verdaderamente arrepentidos, consolar a los oprimidos y afligidos; Dígnate absolver
y liberarme (di tu nombre),
tu criatura, de la aflicción y tribulación en la que me veo,
porque has recibido de Dios Padre Todopoderoso el género humano para redimirlo;
y, hecho humano, nos has comprado prodigiosamente el Paraíso con tu preciosa sangre,
estableciendo una paz completa entre los Ángeles y los hombres.

Así pues, Señor, dígnate traer y confirmar una perfecta concordia
entre yo y mis enemigos,
y hacer brillar sobre

tu paz
y tu gracia y tu misericordia, mitigando y extinguiendo todo el odio y el furor
contra mí,
como lo practicó Esaú al quitarle toda su aversión a su hermano Jacob.

Extiende tu brazo y tu gracia sobre mí, oh Señor Jesucristo, tu criatura,
y dígnate liberarme de todos los que me odian,
como liberaste a Abraham de las manos de los caldeos; a
su hijo Isaac de la consumación del sacrificio; A
José, de la tiranía de sus hermanos; a Noé, del diluvio universal; a
Lot, de la quema de Sodoma; a
Moisés y Aarón, vuestros siervos,
y al pueblo de Israel, del poder del faraón y de la esclavitud de Egipto; a
David, de las manos de Saúl y del gigante Goliat; a
Susana, del crimen y del falso testimonio;
Judith de la orgullosa e impura Holofernes;
Daniel del foso de los leones;
los tres jóvenes Sidrach, Mishach y Abdenego del horno de fuego;
Jonás del vientre de la ballena;
la hija de Canárea de la vejación del diablo; Adán de
la pluma del infierno; Pedro de
las olas del mar;
y Pablo de las prisiones.

Oh bondadoso Señor Jesucristo, hijo del Dios vivo,
atiende también a mí (di tu nombre), tu criatura,
y ven pronto en mi ayuda, por tu encarnación, por tu nacimiento, por tu
hambre, por tu sed, por tu frío, por tu calor; por tus
trabajos y aflicciones; por tu
saliva y bofetadas; por tus azotes
y espinas; por tus claveles
, hiel y vinagre; por la
muerte cruel que has sufrido; por la lanza que te atravesó el pecho
y por las siete palabras que dijiste en la cruz, en primer lugar
a Dios Padre Omnipotente:-
Perdónalos, Señor, que no saben lo que hacen.
Entonces al buen ladrón que estaba contigo crucificado
: – Te digo la verdad, hoy estarás conmigo en el Paraíso. Luego
al mismo Padre: – Eli, Eli, Lamah Sabactani, que viene a decir
:- Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Luego a tu madre: – Mujer, aquí está tu hijo. Luego al discípulo: – Aquí está
tu Madre, mostrando que te ocupaste de tus amigos.
Entonces dijiste: – “Tengo sed porque deseaste nuestra salvación y
la de las almas santas que estaban en el limbo. Entonces le dijiste
a tu Padre
: En tus manos encomiendo mi espíritu.

Y finalmente exclamaste, diciendo
: “Se acabó, porque
tus trabajos y dolores
se acabaron”.

Te suplico, pues, por todas estas cosas,
y por tu descenso al
Limbo, por tu gloriosa resurrección, por los frecuentes consuelos que diste
a tus discípulos, por
tu admirable ascenso, por la venida del Espíritu Santo, por el tremendo día del
juicio!
Y también por todos los beneficios que he recibido de
tu bondad (porque me creaste como un don
, me redimiste, me diste
tu santa fe, me fortaleciste contra las tentaciones del diablo y me prometiste la vida eterna);
por todo esto, mi Señor Jesucristo, humildemente te pido
que me defiendas ahora y siempre del
mal adversario y de todo peligro para que
después de la vida presente pueda gozar
en eterna dicha de tu Divina
Presencia.

Sí, Dios mío y Señor mío, ten piedad de mí, miserable criatura
, todos los días de mi vida.
Oh Dios de Abraham,
Dios de Isaac y Dios de Jacob, ten piedad de mí (di tu nombre), tu criatura,
y envía a tu santo Miguel Arcángel
a rescatarme, para que me proteja y me defienda de todos mis enemigos carnales y espirituales,
visibles e invisibles.

Y tú, San Miguel, Arcángel de Cristo, defiéndeme en la última batalla, para que
no perezca en el tremendo juicio. Arcángel
de Cristo, San Miguel, te suplico por la gracia que te has ganado,
y por nuestro Señor Jesucristo, que me liberes de todo mal, y del último peligro,
en la última hora de la muerte.
San Miguel, San Gabriel, San Rafael y todos los
demás ángeles y arcángeles de Dios, ayuden a esta desgraciada criatura: Os ruego humildemente
que me ayudéis, para que
ningún enemigo me haga daño, ni en el camino, ni en
casa, ni en el agua, ni en el fuego, ni con un velo, ni
hablando, ni callando; tanto en la vida como en la muerte.

Contemplad la cruz del Señor; huid, enemigos.
El león de la tribu de Judá, un descendiente de David,
Aleluya
, ha sido derrotado.

Salvador del mundo, sálvame. Salvador del mundo, ayúdame.
Tú, que con tu sangre y tu cruz me redimiste,
sálvame y defiéndeme hoy y siempre.

Dios santo, Dios fuerte, Dios inmortal, ten piedad de nosotros. Cruz
de Cristo sálvame, Cruz de Cristo protégeme,
Cruz de Cristo defiéndeme.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
¡Amén!

✝️ Novena a San Agustín

Como oración inicial, reza con gran fe la oración milagrosa de San Agustín citada arriba todos los días de la Novena, y al final reza: 3 Padre Nuestro, 1 Ave María y 1 Gloria.

Día uno

“Gloriosísimo San Agustín, que por divina providencia fue llamado desde las tinieblas de la mansedumbre y de los caminos del error y de la culpa a la luz maravillosa del Evangelio y a los santísimos caminos de la gracia y de la justificación para ser ante los hombres un vaso de predilección divina y para brillar en días calamitosos para la Iglesia, como el lucero de la mañana entre las tinieblas de la noche: Alcánzanos del Dios de todo consuelo y misericordia para ser llamados y predestinados, como tú, la vida de la gracia y la gracia de la vida eterna, donde junto contigo cantamos las misericordias del Señor y disfrutamos de la suerte de los elegidos por los siglos de los siglos. ¡Amén!”

Pide el deseo que quieres conseguir antes de las oraciones finales.

Día dos

“Gloriosísimo San Agustín, que en la hora feliz de tu conversión a Dios estuviste tan iluminado por la luz de la verdad divinamente revelada, que en tu inteligencia no quedó lugar para las tinieblas que la oscurecieron, ni en tu Corazón fluyó ninguno de los amores de la tierra, y en ese punto te convertiste en doctor y maestro de una ciencia divina que antes no comprendías, y brillando con una caridad tan nueva y tan divina que te hizo molestar a todos los que alguna vez amaste: Obtengan para nosotros del Dios de toda piedad y misericordia la gracia de volvernos a Él de tal manera que la ceguera y la corrupción del viejo hombre nunca habiten en nosotros, y nos revistamos totalmente con la luz y la gracia del nuevo Adán, Jesucristo nuestro Señor, que es nuestra vida y nuestro amor por los siglos de los siglos. ¡Amén!”

Pide el deseo que quieres conseguir antes de las oraciones finales.

Tercer día

“Gloriosísimo San Agustín, que desde el feliz día de tu conversión supo correr y saltar de alegría por los caminos del temor del Señor, sin desmayarse jamás, ni volver los ojos a los antiguos caminos de tu juventud, porque en la escuela de ese santo temor aprendiste sabiduría, disciplina, justicia y equidad, que fueron una corona de gracia para tu cabeza y un collar de perlas preciosas para tu alma: Alcánzanos del Dios de toda la Providencia y sabiduría, y esa sagacidad que hace a los niños sabios, y ese entendimiento que da prudencia a los adultos, para que seamos aprendices de tus más altos ejemplos, hasta que obtengamos, como tú, la recompensa de los que vencen y la corona de los que triunfan en Jesucristo nuestro Señor por los siglos de los siglos. ¡Amén!”

Pide el deseo que quieres conseguir antes de las oraciones finales.

Cuarto día

“Gloriosísimo San Agustín, que desde el día en que rompiste felizmente las cadenas de la antigua esclavitud del pecado, te consagraste tanto a Dios y al estudio de la verdadera sabiduría, que no quisiste otra esposa que la sublime virtud de la castidad, y en ella encontraste la veta de la alegría y el gozo en tu corazón, aburriendo para siempre las aguas turbulentas y corrompidas de las cisternas de la tierra: Obtén para nosotros del poderoso Dios de las virtudes la gracia de saber desatarnos de toda atadura, no santa, de carne y hueso, para que permanezcamos libres, puros y castos, como ángeles de Dios, en la tierra, para que un día seamos dignos, como tú, de alcanzar el premio de los limpios de corazón, que es ver a Dios cara a cara, entre los brillos increados de su gloria por los siglos de los siglos. ¡Amén!”

Pide el deseo que quieres conseguir antes de las oraciones finales.

Día cinco

“Gloriosísimo San Agustín, que, al sumergirte en las aguas purificadoras del Bautismo, de tal manera despojasteis de afecto las cosas de la tierra en ese instante, que ya no pensasteis más que en abrazar la virtud apostólica de la pobreza, y no os contentéis con abrazarla y practicarla, con la increíble estima de su belleza, persuadisteis a muchos y fundasteis sobre ella el inmenso edificio de vuestra admirable y santa religión: Alcánzanos, del Dios que te inspiró tanto amor, la más perfecta pobreza, la gracia de vivir y morir, como verdaderos pobres de Cristo, desposeídos de todo apego a las cosas perennes de la tierra, y fijando siempre el Corazón y el pensamiento en los bienes eternos del cielo, para que, liberados del peso inútil de esas cosas pasajeras, merezcamos, como tú, la feliz posesión de las cosas del cielo por los siglos de los siglos. Amén.”

Pide el deseo que quieres conseguir antes de las oraciones finales.

Sexto día

“Gloriosísimo San Agustín, que desde el día siempre memorable en que incorporaste a la Iglesia de Cristo, reconoció de tal manera su divina autoridad sobre los hombres que confesaste que no podías ser hijo de la fe si no estabas ante la Iglesia, y con la palabra y el ejemplo confirmó a los fieles en la sumisión universal y absoluta a la cátedra de San Pedro: Del Dios que se hizo obediente hasta la muerte, obténganos la gracia de no separarnos nunca de la santa unidad de su Iglesia, y de entregar nuestro juicio y voluntad a los Prelados que nos gobiernan en nombre de la Iglesia, con esa docilidad que es la puerta infalible de la vida eterna, para que un día merezcamos las victorias de los que obedecen dignamente y la gloria de los que se humillan sabiamente por los siglos de los siglos. Amén.”

Pide el deseo que quieres conseguir antes de las oraciones finales.

Séptimo día

“Gloriosísimo San Agustín, que rodeado de los esplendores de la más alta dignidad que habéis investido en la Iglesia de Dios, no olvidó mirar al abismo de la fragilidad y miseria humanas y, embriagado con el vino generoso de la compunción por las desgracias pasadas de vuestra juventud, os confesasteis al mundo por vuestra humillación y la más justa gloria y glorificación de la gracia y grandes misericordias del Señor: Alcánzanos del Dios más justo y misericordioso, que derriba a los soberbios y exalta hasta su gloria a los humildes, la gracia de adorar con reverencia sus tremendos juicios, reconociendo con verdadera luz nuestros pecados y confesando con amor sus divinas misericordias, para que, libres de la confusión e ignominia de los soberbios. Merezcamos un día ser exaltados como los humildes, entre los verdaderos hijos de Dios, por siempre y para siempre. ¡Amén!”

Pide el deseo que quieres conseguir antes de las oraciones finales.

Octavo día

“gloriosísimo San Agustín, “hermoso sol” entre los Doctores de la Iglesia; “luna llena” entre los sabios de todos los tiempos, que te quitan la sombra de la sabiduría; “alto ciprés” entre los confesores, por tu magnanimidad y fortaleza; “lirio fresco y perfumado” entre los castos e inocentes, que nunca mancharon la blanca estola del bautismo que una vez recibiste; “árbol del incienso aromático” por la devoción y la contemplación con que penetraste en los divinos misterios; un “arco iris” de paz entre Dios y los hombres en días calamitosos y terribles para todo el mundo; “una hermosa palmera, rodeada de ramas y cargada de frutos preciosos”, como Padre y Patriarca de una gran familia de monjes y vírgenes; “un rico jarrón de oro, adornado con piedras preciosas”, porque brillas entre los Santos por la belleza y variedad de tus virtudes y por el brillo de tu intachable caridad: Alcánzanos de Dios tres veces Santo y Aficionado de toda santidad la gracia de ser, a tu semejanza, sabios en doctrina, magnánimos en fortaleza, inmaculados en costumbres, amantes de la Oración y del retiro, pacíficos con todos nuestros hermanos, brillando con la luz del buen ejemplo, y en toda virtud rica, plena y perfecta, según nuestra vocación y estado, para que algún día merezcamos estar donde tú estás entre los santos por los siglos de los siglos. Amén.”

Pide el deseo que quieres conseguir antes de las oraciones finales.

Noveno día

“Gloriosísimo Padre San Agustín, celosísimo defensor del honor del Altísimo, que, inflamado en la llama de un celo ardiente y divino, has quitado de la tierra las abominaciones de la maldad; has buscado de mil maneras la salud de todos los pueblos y has velado por la gloria del Señor, el decoro de su templo y la santidad de sus sacerdotes: Alcánzanos del Dios santísimo y celoso de la gloria de su nombre, cuyo nombre es “fuego ardiente”, para que nos dignemos a encender en nuestros corazones ese fuego sagrado que quemó el tuyo, para que ese celo que purifica y no destruye, que corrige y no reprocha, que repara y construye todo, pero nunca se llena de triunfo, por toda la gloria que sólo Dios pertenece, a quien sólo él se debe y a quien es todo el honor y toda la gloria por los siglos de los siglos. ¡Amén!”

Pide el deseo que quieres conseguir antes de las oraciones finales.

Agustín mostró toda su santidad al renunciar a los placeres de la vida para dedicarse a un bien mayor.

Este Santo contribuyó sustancialmente con su sabiduría y estudios del cristianismo, ya que se convirtieron en publicaciones literarias. San Agustín es un ejemplo de que podemos encontrar paz mental y amor en las palabras de la Biblia.

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